¿Ética o Estética?: La degradación del vínculo entre las operadoras de infraestructura y los dueños del suelo

Durante años, la relación entre las empresas de telecomunicaciones y los propietarios de los terrenos se caracterizó por ser directa, profesional y funcional. Sin embargo, con el cambio de modelo y la aparición de las operadoras de infraestructura, esa fluidez parece haberse perdido. Lo que hoy enfrentamos es una crisis de integridad que obliga a preguntarse: ¿Son los Códigos de Ética corporativos una guía real de comportamiento o simplemente un adorno para las memorias anuales?
El quiebre de una relación históricamente funcional
Lo que antes era un vínculo de respeto mutuo y cumplimiento administrativo, ha derivado en un fenómeno reciente y preocupante: la ruptura total de los canales de comunicación tras el vencimiento de los contratos. En el actual esquema de intermediación, el "Silencio Corporativo" pareciera que frente a algunos casos se ha convertido en la respuesta estándar ante el vencimiento de los vínculos legales.
Se han detectado ya muchos casos de contratos expirados que acumulan varios meses en situación de irregularidad. Lo más grave es que, en estas situaciones, los propietarios han cumplido con su parte de la diligencia, enviando formalmente sus respectivas cartas de aviso con la intención manifiesta de renegociar las condiciones. A pesar de existir una notificación previa y meses de espera, la respuesta de las compañías ha sido el silencio absoluto.
La renegociación: Un derecho y una salida lógica
Es fundamental entender la importancia crítica de la renegociación. Los contratos de telecomunicaciones son de larga duración, y su vencimiento es la única oportunidad para conversar y actualizar las condiciones y los valores de mercado entre las partes.
Es necesario enfatizar que los operadores siempre tienen la posibilidad real de retirarse si consideran que la renegociación no les resulta justa. Por lo tanto, refugiarse en el silencio para mantener una ocupación de hecho es una opción deliberada. Paradójicamente, este silencio suele resultar mucho más caro para la compañía que haber llegado a un acuerdo previo. A las contingencias legales e indemnizaciones por uso sin título que se acumulan mes a mes, se suma el costo invisible pero letal de la pérdida de confianza: el propietario, agotado por las molestias y el mal trato, se vuelve inevitablemente más inflexible, cerrando cualquier margen de cortesía o flexibilidad que pudo existir en el pasado.
El silencio y su inevitable consecuencia jurídica
Frente a este escenario, surge una interrogante: ¿Estamos ante la negligencia de personal encargado que no contesta, o ante una decisión corporativa para dilatar compromisos? Este silencio administrativo empuja al propietario a un escenario de absoluta precariedad. Al no existir un contrato vigente que regule las condiciones de entrada, seguros y responsabilidad civil, la relación queda desprovista de su marco legal básico.
Esto deriva, por inercia del incumplimiento empresarial, en la imposibilidad técnica y legal de autorizar el acceso al predio, ya que el propietario no puede asumir los riesgos de una actividad no contractual en su propiedad. Así, la desidia de la empresa termina por bloquear su propia operatividad, dejando al dueño con la única vía de iniciar procesos judiciales de alto costo para restituir el derecho sobre su terreno.
Un riesgo para la conectividad y la confianza
Cuando una compañía ignora una negociación para evitar un pago justo, su Código de Ética se convierte en una pieza decorativa. No se puede hablar de "honestidad" si la empresa actúa como un ocupante precario. Esta irregularidad pone en riesgo la continuidad del servicio, ya que una infraestructura sin respaldo contractual es un eslabón débil que amenaza la estabilidad de la red nacional.
Una invitación a la acción (o a la esperanza)
Si usted es uno de los propietarios afectados por estos meses de silencio, sepa que existen portales oficiales —canales de ética y denuncia de las compañías— creados para reportar estos incumplimientos. Si ha enviado sus cartas de aviso y solo ha recibido silencio, elevar su caso a estos canales de lo que se denomina “Compliance” es un paso necesario para que su situación deje de ser un "trámite olvidado" y se convierta en una alerta de riesgo para la alta dirección.
Puede que quizás, solo quizás, esta vez lo escuchen. Y si no lo hacen, al menos quedará constancia de que su Código de Ética no fue vulnerado por un error, sino por una decisión consciente de ignorar, mes tras mes, a quienes hacen posible la conectividad de todos.









































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